martes, 17 de mayo de 2011

Gamers, sus viajes legendarios (Capítulo 1)

Nueva entrada de mi blog, y hago hoy un importante anuncio. A partir de ahora, iré subiendo cada cierto tiempo, intercalados entre alguna entrada que otra, capítulos de un relatillo que hace tiempo ideé y que les debía a mis compañeros de curro, por echarme una mano en los planteamientos iniciales del desvaríe. Narrado en primera persona, y en clave de humor (o éso se pretende al menos, en absoluto ofender a nadie), os presento el primer capítulo de "Gamers, sus viajes legendarios". ¡Que lo disfrutéis!

Capítulo 1- Entre frikis anda el juego

Madrid. Año 2010. O al menos lo era cuando me levanté aquella mañana. Claro que decir “aquella mañana” en mi situación sería algo incongruente. Pero bueno, es lo que suele pasar en éste tipo de asuntos, que enseguida comienzas a liarte con los tiempos verbales, las horas, los lugares… y no, no estoy hablando de los efectos de una resaca cualquiera. ¡Lo que daría porque se tratase de una simple resaca! Aquello iba más allá, mucho más allá. Pero casi mejor que comience mi historia por el principio, como suele hacerse. Y más concretamente por las diez de la mañana de un Viernes corriente, de un veinticuatro de Diciembre corriente, de una vida corriente… o al menos eso creía yo.

Ante todo, las presentaciones. Mi nombre es Fran, diminutivo de Francisco (odio que me llamen Paco, así que no abuséis de mi paciencia nada mas comenzar mi relato ¿vale? Gracias por vuestra comprensión). Vivo en Madrid desde que nací, hace veinticinco años. Soy alto, moreno, con coleta, uso gafas y tengo algo de sobrepeso, lo cual me da un equilibrio casi perfecto, rollo tentetieso, pues igual… ¿ha colado? ¿No? Está bien, soy un auténtico pato, lo admito. Me gusta escribir (como podéis comprobar), leer, el cine, la música… Pero para ahondar más en mi descripción, baste decir que soy un friki, y orgulloso de ello. Vamos, que me encanta el rol, el manga, anime, los videojuegos, disfrazarme de cosplay y demás.

¿Qué es un friki, os preguntáis? En serio, ¿es broma, no? ¡Pero si últimamente estamos hasta en la sopa! Somos como el mismísimo virus T de Resident Evil, infectando a los pobres humanos, solo que en vez de apetito por la carne humana, provocamos otro tipo de reacciones. Para que os hagáis una idea, os pondré unos cuantos ejemplos prácticos:

- Una compañera de la oficina se acerca a ti a mediodía y te dice: Aiya, ¿meralyë matië? (Hola ¿te apetece comer?). O está hablándote en élfico o le acaban de practicar una endodoncia bastante agresiva. Si es lo primero, enhorabuena, tu compañera es friki.

- Si estás con un grupo de amigos de juerga y, al ver pasar a una tía buena, uno de ellos suelta algo como: “Joder, a ésa se la clavaba yo mas hondo que Sephiroth a Aeris”. Tranquilo, quizás sea normal que no lo entiendas. Estás escuchando comentarios frikis.

- Si ves que tu hermano le grita cosas como “¡Arañazo!” o “¡Triturar!” al gato, tu padre se entretiene en blandir una linterna encendida a modo de espada, haciendo ruidos con la boca, tu madre te sirve para cenar unas lembas con un poco de hidromiel y tu abuelo intenta atraer hacia si una cuchara con los movimientos de sus manos, solo tienes dos opciones. O salir corriendo y huir a un lugar apartado, dejado de la mano de los dioses, o unirte a nosotros. Te advierto que la segunda es mucho mas divertida, al menos a la larga.

Tras éstas situaciones cotidianas que a todos nos pueden ocurrir, continuemos con el hilo de la historia. Aquella mañana me dirigía, como siempre, a mi lugar de trabajo: la tienda GAME, en la calle Preciados. No hay lugar más idóneo para alguien como yo que una tienda de videojuegos. ¿Qué hay mejor que vender algo que te gusta? (aparte de vivir en la mansión Playboy, o ser el Emperador del Mal, se entiende). Y parece una tontería, pero le acabas cogiendo el gustillo.

Comienzas con un simple juego, el tetris por ejemplo, viendo como la madre de turno se va tan contenta con su Nintendo DS y el juego. Luego vendes un par de Call of Duty, unos poquitos Pokémon, pasando por un Final Fantasy o un Grand Theft Auto. Todas esas miradas, ésas sonrisas satisfechas, viendo como los clientes se van de la tienda con menos dinero en el bolsillo y menos vida social en las próximas horas. ¡No tiene desperdicio! ¡Y lo mejor de todo es que no te sientes culpable porque hace tiempo que tú mismo caíste en el vicio! De hecho, lo verdaderamente peligroso de mi trabajo, y sobre lo que deberían impartir un cursillo de prevención de riesgos laborales, sería el “cómo evitar dejarte la mitad del sueldo en el producto de la propia tienda”. Realmente insano, os lo digo yo.

Pues bien. Una mañana más, al menos en apariencia, pero por suerte aquél día nos íbamos a reunir toda la plantilla de la tienda al completo. Con motivo de la Nochebuena, las ventas se iban a disparar, y necesitábamos el mayor número de efectivos en la cruenta contienda contra el destino que se avecinaba (¡groaaarg! ¡que épico todo!) Y eso equivalía a casi doce horas de trabajo, sí, pero al menos tendríamos nuestras buenas dosis de cachondeo (y no, no nos íbamos a reír de los clientes, faltaría más… bueno, al menos no todo el rato…)

Al parecer era el último en llegar. Incluso mi hermano se me había adelantado. Normal, si yo durmiera en casa de la novia, la cual está a diez minutos del centro, en lugar de casi una hora de viaje en transporte público, también llegaría a tiempo. Allí estaba, por ende, el elenco completo de dependientes. Para que os situéis un poco más en ésta historia, que cual arenas movedizas os va atrapando, os adjuntaré a continuación un breve apartado con descripciones (¿en qué otro relato habéis visto algo tan original que no sea en un cómic o manga? La ostia, ¿eh? Ya me daréis las gracias, no os preocupéis).

- Sebas, mi hermano. Muchos habréis visto la película de los Gremlins, espero. Estaba el adorable y regordete Gizmo, con esa bondad característica que te llegaba al corazón. Pues bien, os permito pensar por un momento en mí como si fuera Gizmo. ¿Imagen mental, lista? Ahora romped una de las tres reglas de oro de éstos bichos y dadle de comer después de medianoche. O mejor, dadle de fumar un poco de la hoja conocida como “Cannabis sativa” (o marihuana, para que nos entendamos). Ahí tenéis una imagen mental de mi hermano. Cinco años menor que yo, gamberro como él sólo, con ropas de hip hop, rastas, bien fibroso y guapete (lo siento chicas, está cogido. Pero yo sigo soltero ¿eh?) y amante de las respuestas directas casi tanto como de… en fin, por la integridad del escrito y joder un poco a los censores, llamémoslos “canutos de la alegría”. Pese a todo, no lo cambio por nada. Hacemos una pareja cojonuda, complementándonos al cien por cien, rollo C3PO y R2D2 (solo que ni yo tengo pluma ni él puede desconectar trituradores de basura desde una terminal informática).

- César, el cantautor. Probablemente el dependiente más eficiente y, a la par, mas desubicado de la tienda. Eficiente porque consigue su objetivo, ya sea que alguien compre un juego de segunda mano o haga una reserva, como que una mujer acabe dejando sus marcas de territorio en su cuello. Desubicado porque, contra todo lo que podáis pensar, no le gustan demasiado los videojuegos. Pero como la vida es larga y dura (¡pues chúpame la vida! Jaja, chiste fácil con connotación sexual) y los pisos de alquiler no llueven gratis del cielo, cualquier lugar es bueno para ganar dinero. Eso hasta que su talento musical le catapulte bien alto, cuando con su guitarra y su voz se encuentre en grandes fiestas en Miami, rodeado de supermodelos y alcohol, y de su buen amigo Fran cerca como representante, manager, catador de comida, bebida y mujeres… lo que haga falta, vaya.

- David, (“¡Arriba el Estudiantes!”) maestro Kenobi. Uno de mis mas viejos camaradas en el frente de batalla videojueguil. Todavía recuerdo cuando, nada más conocerle, ya me estaba informando de los cotilleos internos de la tienda. A veces tengo la impresión de que tiene oídos y ojos en todas partes, lo cual hace que me resulte extrañamente sospechoso el hecho de que haya colocado varios posters del Estudiantes en distintos puntos estratégicos de la tienda. ¿Simple homenaje a su idolatrado equipo de baloncesto, o complot secreto para dominar el mundo? Un buen chaval que sabe en todo momento donde va tal cosa, donde se encuentra tal otra, cual es el rango de Mace Windu dentro del Consejo Jedi o en qué número de Marvel, Masacre dice una frase concreta. Como veis, no es de extrañar que sea el sub-encargado de la tienda. Y vosotros que pensabais que ésta historia no iba a adentrarse mucho en el mundillo friki…. angelitos…

- Ricardo, Mr. Mancuernas. Si hay algo sin lo que Ricardo no podría vivir, serían tres cosas: las pechugas braseadas de pavo Findus, un par de mancuernas y, como no, sus adoradas series de televisión. Jamás he conocido a un colega al que le encantan tanto las series. Desde “Fringe” hasta “Espartaco”, desde “Sobrenatural” hasta “True Blood”, desde “Falcon Crest” hasta “Amar en tiempos revueltos” (vale, puede que éstas dos últimas sean algo exageradas, más que nada porque en la primera ni había nacido). Eso, sumado a su afición por el gimnasio y la dieta (para que luego digan que estoy gordo porque sí, de eso nada. Lo hago para que la gente no nos confunda a él y a mí, como es natural), y su parsimonia y calma a la hora de tomarse las cosas, hacen de él un miembro fundamental del equipo. Y lo que me río con él, que cojones, que es la mejor compañía para una tarde soporífera de domingo.

- Javi, el otaku vocingleras. A veces creo que algunas personas son grandes porque necesitan serlo. Es el caso de Javi. Parece que su corpachón sea de tales medidas para poder retener el vozarrón que gasta. Si Saruman lograba mover aludes con sus hechizos, creo que Javi podría conseguirlo metiendo solamente cuatro berridos. Grandote y buenazo, siempre dispuesto a evitar los problemas, aunque eso le lleve a veces a disculparse reiteradamente por cosas que no son tan graves como el piensa (¿Qué se te ha caído una Xbox 360 encima del perro de una señora? ¿Sigue respirando? Pues entonces no es tan grave, ¿no crees? Y si no que lo hubiese dejado fuera, no te jode…). ¿Y de donde viene lo de otaku? Un otaku es una variedad de friki especializada en el manga (cómic japonés) y anime (serie de dibujos japonesa). Para que luego crean que sólo hay rangos y divisiones en el ejército. Cuando decae la marcha, sé que siempre puedo contar con él y con algún opening cañero de One Piece. Por descontado.

- Jose David, el piticli bonico. Igual de grandote que Javi, pero criado en la costa de Marbella. La gracia y el donaire le viene de serie, razón por la que desde hace un año y pico se ha apuntado a un curso de doblador (de voces, que no de vigas como Bender). Para él, poner voces es tan sencillo como para mí el tocarme la nariz con la punta de la lengua (una habilidad estúpida que en determinados círculos y situaciones, sobre todo con algo de alcohol en sangre, puede resultar de lo más aparente. Invitadme a un par de copas y lo veréis). En varias ocasiones lo ha demostrado rebautizando los nombres de los videojuegos en un lenguaje japonés inventado, o llamándonos “zorras” con voz de vieja por el walkie, desde el almacén de la tienda, o gritando frases tan épicas como “¡Soy la bella Easooooo!”, desde el segundo piso del almacén, con la tienda llena de gente. ¿De donde viene lo de piticli bonico? De un sketch de Enjuto Mojamuto, un personaje de la serie Muchachada Nui, rebosante de gags estúpidos que hacen gracia a la gente estúpida que hace estupideces (que conste que yo no los veo. ¿Por qué lo llamo piticli bonico? Pura coincidencia, la verdad. Lo juro. En serio).

- Raúl, the “big boss”. Todo barco necesita un capitán. Toda villa necesita un Brujo. Todo grupo de Dungeons & Dragons necesita un pícaro. Toda mujer necesita un Fran en su vida (hecho científico real, comprobado). Y toda tienda, naturalmente, necesita un jefe. Éste es Raúl, el mejor encargado que uno podría desear jamás. Al principio impone un poco con ésa barbita de chivo maquiavélica, esa vena en la frente que se le hincha cuando le tocan los huevos demasiado, o ésa relamida de labios y frotamiento de manos cuando llega un juego de rol de ordenador excesivamente difícil de encontrar. Pero conforme le conoces, te das cuenta de que sólo es fachada… en realidad por dentro es mucho mejor (o peor, según se mire). Mi primer gran descubrimiento sobre él fue cotillean… comprobando el cuaderno de tareas que llevaba a las reuniones de encargados de tienda, encontrando toda una serie de mapas de partidas de rol, con abundantes descripciones de puntos de experiencia, objetos, aldeas y demás. De ahí a hablar de “Geralt de Rivia”, “Canción de Hielo y Fuego” y tomarnos unas cañas en el bar de la esquina, tan sólo un paso. En resumen, un tío de puta madre (que conste que no es peloteo ¿eh? Bueno, quizás un poco… nah, no creo que se dejara engañar tan fácilmente ¿o si?)

Y pasemos ahora a los empleados temporales con los que contamos en la campaña de Navidad, a saber:

- Carlos, el hermano de César, alias “Numero 2”. Tan rubio como su hermano, tan cachondo como sólo los Canarios pueden ser. Al principio le cuesta soltarse el pelo (y eso que lo tiene corto) pero conforme avanzaba la campaña de Navidad, se integraba que daba gusto verle. Mas formalito que su hermano (¿por qué será que los hermanos somos para algunas cosas caras opuestas?) pero no demasiado, habida cuenta de lo que le gusta poner voces, imitar a sus compañeros (nos ha salido graciosete el nene ¿eh?) y seguirnos el rollo a su hermano y a mí cuando nos ponemos a simular trailers de películas que, en nuestra opinión, deberían hacerse (como “Los Fruittis 2, la Venganza de Pincho”).

- Pilar, la “gorda” (según Sebas), mi cuñada (según yo). La novia de mi hermano, rubia, muy simpática y con una sonrisa perenne en la cara (en serio ¿qué hace con mi hermano? Hay cosas que el hombre no está preparado para conocer) Una chica que, gracias a los cielos, le ha puesto los pies en su sitio al cabra loca de Sebas, haciéndole entrar en razón, seguir la senda correcta y saber cuando hay que desviarse por el camino para compartir un “canuto de la alegría”. Personalmente, no la aguanto, pero como vive con nosotros tengo que hacer de tripas corazón y fingir que me cae bien. Pilar, si estás leyendo esto, que sepas que es una broma. En serio, es una chica genial, que tan pronto le mete una colleja a mi hermano, como le muerde, como le vuelve a pegar (ah… amor, divino tesoro…) y, entre medias, se quieren, se aman, se dan besitos y se dicen cuchuflerías (que empalagarían al mismísimo Winnie The Pooh).

- Bea, la gótica (no es una emo). La última chica del grupo. El contraste entre el polo negro y morado de la empresa y la faldita a cuadros, con cadenas colgando y botas de puntera metálica que lleva habitualmente, es espectacular. Bea no necesita el walkie para hacernos saber que se acerca con el juego que le hayamos pedido traer del almacén hasta el mostrador. Basta con llenar un vaso de agua, dejarlo sobre una superficie plana y, al modo de Jurasic Park, las botacas heavys harán el resto. Guapilla y cariñosa, divertida y (¿lo habéis adivinado? ¿Si?) friki también, el único “defecto” que posee es el hecho de tener novio. Nadie es perfecto ¿verdad? Y como en nuestra tienda adolecemos de ser unos integristas natos, nada mejor que poner una gótica en tu vida. Las caras de las madres, de compras navideñas, al verla llegar preguntando con una sonrisa solícita si puede ayudarles en algo, mientras la luz de los focos reverbera sobre los pinchos de sus pulseras y collar, es algo que ni con una Visa Oro podría pagarse.

Como habéis podido comprobar, somos un grupo al que nos une, en mayor o menor medida, las aficiones frikis que todos tenemos (partiendo de la base, lógicamente, de que vendemos videojuegos en pleno centro de Madrid). Pero esto es tan sólo la introducción al verdadero relato, a la extraña historia que, dando un inesperado giro, os descolocará totalmente en los siguientes capítulos. Y es que, como os hacía entrever al principio, ésta historia va mucho más allá de una narración de una vida normal y corriente. Ésta historia que estáis por leer está llena de aventuras, de tramas complejas, de diversión, de lágrimas (de risa, espero), de amor (por las ediciones limitadas) y de un sinfín de vivencias que podrían superar, incluso, a éste nutrido grupo de frikis. Pero no deseo adelantarme a los acontecimientos más de la cuenta. Así que seguid leyendo, y veréis a qué me refiero cuando desearía no haber hecho lo que hicimos aquél día.

Glosario Friki para los “no iniciados”

Mi intención al final de cada capítulo es hacer una recopilación de los términos que, por vuestra incultura general, (que no por mi amplia dosis de frikismo, faltaría más) no hayáis logrado comprender. Pasito a pasito, y migaja a migaja, os daréis cuenta como comenzáis a hablar en japonés y a buscar Pokémon por el alcantarillado de vuestra ciudad. Ya lo veréis, ya.

- Friki. Una persona con aficiones “excéntricas”, podría decirse. Tales como jugar al rol, leer manga, ver anime, videojuegos, cómics… y un largo etcétera. En contra de todo lo que pueda parecer, ni estamos (excesivamente) locos ni vamos matando personas por la calle (todavía).

- Tentetieso. Curioso juguete, generalmente infantil (aunque soy el primero que se ha dedicado a intentar tumbarlo con golpecillo durante horas) que consiste en un muñeco con una base redonda en cuyo interior hay colocado un contrapeso. Esto hace las delicias de los niños (y de algunos adultos, como ya he dicho), que se pasan horas intentando volcarlos, sin éxito.

- Rol. Adoptar un rol es adoptar un papel determinado en una simulación. En éste caso, y en el ámbito friki, el rol consiste en un juego en el cual te creas un personaje ficticio, te metes en su piel (no literalmente, por los dioses) y adoptas su forma de ser, hablar y demás. Generalmente hay dos grandes grupos de rol.

El rol de mesa, que se lleva a cabo por medio de unas fichas de personaje donde se apunta la fuerza, la habilidad del personaje para hacer tal o cual, sus objetos y demás, decidiendo por medio de una gran gama de dados de muchas caras (desde tres caras a veinte) si una acción que deseamos hacer, imaginariamente hablando, sale bien o mal, o de qué forma. Una persona del grupo va creando la historia, narrándola, y actúa como moderador de la misma (se llama master). Siempre es divertido hablar o imitar al personaje en sí, para darle credibilidad al asunto.

El rol en vivo. Como el de mesa, solo que aquí la gente se disfraza de su personaje, se montan partidas en albergues, pueblos y demás, y durante días interpretas, a modo de un actor improvisando, a tu personaje. Lo mejor para evadirse unos días de la vida mundana y dejarse llevar a mundos de fantasía.

- Manga. Cómic japonés. Generalmente la forma de leerlo consiste, a diferencia de la cultura occidental, en hacerlo de atrás hacia delante y de derecha a izquierda.

- Anime. Dibujos animados japoneses. Muchas veces están basados en el manga del que ha salido la idea original.

- Disfraz de cosplay. Viene de la palabra “costume” (disfraz en inglés) y “play” (jugar). Estos disfraces se suelen preparar para eventos frikis como salones del manga o del cómic. Consiste en disfrazarte de un personaje de manga, anime, videojuego y demás e ir al evento de ésta guisa, posando y haciéndote fotos con la gente a la que le gusta tu disfraz. Se organizan incluso concursos que votan el mejor disfraz y la mejor actuación con éste puesto sobre un escenario. Todo un mundillo donde adentrarse si te llama la atención.

- Virus T de Resident Evil. El virus de una popular saga de videojuegos en los que el elemento central son los infectados/zombies/mutaciones causadas por dicho parásito viral. Son juegos con toques de terror en los que encarnas a policías y patrullas especiales que llevan el orden y la erradicación de éstos monstruos a punta de pistola. Ideales para pasar una noche de tormenta solo en casa.

- Élfico. El quenya, o idioma de los elfos. Inventado por el autor de El Señor de los Anillos, Tolkien. Los elfos son un pueblo de los bosques, altos, de orejas puntiagudas, respetuosos con la naturaleza y muy buenos arqueros.

- Sephiroth y Aeris: Personajes de la saga de juegos Final Fantasy. Sephiroth, el malo de turno, en un momento dado ensarta con su enorme espada samuráis a Aeris, la enamorada del protagonista, matándola. Ésta resolución fue duramente criticada en su día, y aún hoy escuece a muchos frikis. Procura no sacar el tema demasiado cuando te halles entre nosotros, que la herida sigue abierta.

- Tetris. Videojuego consistente en unas fichas con determinadas formas que van cayendo por la pantalla, de tal modo que debes colocarlas para encajarlas y que se vayan eliminando al formar líneas. Así, ganas puntos y evitas que la montaña de fichas llegue a la parte superior, momento en el que acaba la partida. Como dato curioso diré que no conozco todavía a una persona que haya batido el récord que posee mi madre (y es que lleva jugando desde que yo tenía unos ocho o nueve años, toma ya).

- Nintendo DS. Videoconsola portátil de Nintendo, consistente en dos pantallas, una encima de otra, siendo la inferior táctil. Con una amplia gama de videojuegos, es la mejor opción tanto para pequeños, como grandes, como ancianos, como nintenderos infames como yo. La podéis encontrar de segunda mano por precios muy competitivos en tiendas especializadas (¿y adivináis quién os la podría vender con una amplia sonrisa, más si sois chicas de buen ver?)

- Call of Duty. Un shooter, o juego de disparos. Una popular saga de videojuegos consistente en disparar a los soldados enemigos, viéndose tan sólo en la pantalla las manos de tu personaje y el arma de rigor. Tiene una amplia aceptación entre el público, sobre todo su modo online en el que puedes conectarte a Internet desde tu consola y pegarte de tiros con tus amigos (un sano entretenimiento, y si no que se lo digan a mi hermano Sebas)

- Pokémon. Saga de juegos de Nintendo consistentes en capturar un montón de criaturas, hacerlas pelear entre sí, fortaleciéndolas, para vencer a otros entrenadores de Pokémon, ganar medallas y competiciones (tanto dentro como fuera del juego). El afán de coleccionismo y de superar a los rivales con una estrategia de combate hacen que sea un juego record de ventas en todo el mundo (y uno de mis juegos favoritos, por descontado).

- Final Fantasy. Saga de videojuegos de rol japoneses, en los que manejas a un grupo de personajes de corte, generalmente, fantástico- medieval, internándote en una historia con una trama llena de aventuras, batallas y viajes. Algo como éste relato, pero más interactivo. Y más caro, que esto es gratis de momento. Por descontado.

- Grand Theft Auto. Videojuegos (¿Qué raro, eh? Venga, si ya os estáis acostumbrando, que lo sé yo) en los que manejas a un pandillero o mafioso que cumple misiones en una gran ciudad. Robas coches, matas pandilleros, traficas con drogas, prostitución… en fin, toda una variedad de lo más educativa. Lo mejor es contarle de qué va el juego que la tierna abuelita está a punto de comprarle a su travieso nietecillo, el cual, naturalmente, ha obviado algunos detalles de la trama. Son las pequeñas delicias de la vida laboral.

- Gizmo. Un gemlin. Una pequeña criaturilla peluda, de grandes ojos y orejas de murciélago, de aspecto simiesco, adorable toda ella. Protagonista de dos películas de los años 80/90. Las tres reglas de oro que había que cumplir con el bichillo eran las siguientes.

No les gusta la luz del sol. Le tienen pánico, les hace daño.

No puedes mojarlos. Si les cae agua, se multiplican.

No puedes alimentarlos después de la medianoche. Si lo haces, se transforman en su versión macabra, con piel escamosa y muy mala leche. Toda una pandilla de cabrones gamberros que provocan accidentes de tráfico o te intentan atropellar con una excavadora.

- C3PO y R2D2. Androides de la saga de películas de “La Guerra de las Galaxias”. C3PO es un robot de relaciones cibernéticas-humanas, como a él mismo le gusta recordar constantemente con su verborrea. Torpe y cobarde, hace un gran contraste con el aventurero de R2D2, pequeñajo y cabezón, que más de una vez salva el culo de los protagonistas de las películas entre pitidos y chillidos que sólo C3PO parece entender (algo como lo que a veces me pasa a mí con mi hermano, vamos. Sobre todo cuando no ha dormido demasiado)

- Maestro Kenobi, Mace Windu. Personajes de la Guerra de las Galaxias. Son maestros Jedi. Los Jedi son algo así como los paladines del futuro, los defensores del bien y de la paz en toda la galaxia. Van vestidos con túnicas monacales y pelean con sus sables de luz (que cortan todo menos otro sable) y usando la Fuerza (unos poderes que sirven para mover o repeler cosas, saltar más alto, dominar mentalmente a otros, y un largo etcétera)

- Marvel. Compañía de cómics americanos que desde hace años ha ido creando personajes y superhéroes tan carismáticos como Spiderman, los 4 Fantásticos, los X Men y demás.

- Masacre (Deadpool en inglés). Personaje de Marvel. El mercenario bocazas, como él mismo se denomina. Va ataviado con ropas de color rojo y negro y una máscara que oculta su verdadera personalidad y sus cicatrices. Posee grandes dosis de sarcasmo y humor negro, siendo uno de los “villanos” Marvel más admirados.

- Fringe. Serie de televisión americana en la que un grupo de personas de una división gubernamental investigan una serie de experimentos llevamos a cabo por un doctor que ha estado recluido en un manicomio durante años. Se le da un aire a Expediente X.

- Espartaco. Serie americana que narra la historia de Espartaco, el gladiador y revolucionario romano, bajo una perspectiva con más connotaciones sexuales, vísceras, sangre y traiciones. Una serie cojonuda, como podréis imaginar.

- Sobrenatural. Serie sobre unos hermanos que se dedican a recorrer EEUU en busca de fenómenos paranormales tales como monstruos, fantasmas, vampiros, demonios y demás para detenerlos/acabar con ellos.

- True Blood. Serie sobre la aceptación de los vampiros, desde que éstos salieron a la luz, en un pueblo de Luisiana, y de su relación con una camarera del villorrio con poderes telepáticos. Rebosa escenas de sexo y sangre a raudales.

- Saruman. Un mago malvado de “el señor de los anillos”, contrapunto a Gandalf, el mago que ayuda a los protagonistas a cumplir su misión. Entre muchas de las putadas que les gasta (porque son putadas, para qué vamos a dulcificarlo) intenta enterrar al grupo bajo un alud de nieve.

- Xbox 360. Videoconsola de Microsoft, de nueva generación, en alta definición y con un amplio catálogo de juegos. Le hace la competencia a la Playstation 3. Es grandecita, cuadrada, y el modelo antiguo pesa un poco bastante (lo justo para aplastar a un caniche o chihuahua).

- Opening. Canción del inicio de una serie.

- One Piece. Serie manga/anime de gran popularidad en todo el mundo. La historia va sobre unos piratas en un mundo acuático y su viaje a través de varias islas en busca del One Piece, el tesoro que en su día escondió el legendario Rey de los Piratas.

- Bender. Personaje de la serie Futurama, de Matt Groening, creador de los Simpson. Es un robot malhablado, ladrón, alcohólico e irreverente, cuya función principal antes de hacerse mensajero, era doblador de vigas.

- La Bella Easo. Marca bastante conocida en España de sobaos, magdalenas y demás. ¿El por qué lo gritó Jose David en el almacén aquél día? Es todo un misterio que aún sigue provocando risas en su recuerdo.

- The big boss. El gran jefe, en inglés. Nombre deferente con el que bautizamos, en tiempos pretéritos, a Raúl. Homenaje también a la saga de videojuegos de Metal Gear Solid, a la que es muy aficionado.

- Dungeons & Dragons. Juego de rol (Dragones y Mazmorras) muy popular, creado por Gary Gygax, consistente en un mundo de fantasía medieval, en el cual puedes crearte desde un caballero, un mago, un pícaro (un personaje que se mueve con sigilo, en las sombras, tiene mucha agilidad y afinidad con lo que no es suyo, sobre todo si está guardado bajo llave).

- Puntos de experiencia. Puntos que se ganan en las partidas de rol al pelear, llevar a cabo determinadas acciones, viajes, etc… Sirven para subir de nivel al personaje, pudiendo aprender nuevos ataques, hechizos, habilidades y demás.

- Geralt de Rivia. Saga de libros de épica medieval del autor Andrezj Sapkowski, en los que, como protagonista, está Geralt, el brujo. Un brujo es un mercenario que recorre el mundo en busca de misiones, generalmente aniquilación de monstruos, a cambio de dinero. Normalmente hacen uso de pociones que les dotan de habilidades sobrehumanas, y de conjuros (o señales) para expeler fuego o viento.

- Canción de Hielo y Fuego. Popular saga de libros de épica medieval (y recientemente, serie de televisión) del autor George Martin. Su gran atracción consiste en contemplar toda una lucha de poderes entre las distintas casas y reinos del mundo, a la par que se introducen elementos de fantasía como dragones, no muertos, gigantes y demás. Todo ello narrado con un estilo lleno de realismo y crudeza.

- Numero 2. Referencia a las películas de Austin Powers, filmes de humor que parodian a sagas de agentes secretos como James Bond. Numero 2 es el subalterno del villano, el doctor Maligno, voz que en España fue doblada por Florentino Fernández, y que a Carlos le sale calcada.

- Los Fruittis 2, la Venganza de Pincho. Trailer parodia que nos hemos ido inventando, referencia a ésta popular serie de dibujos españolas. En ella, años después de las aventuras vividas por los Fruittis (frutas gigantes que hablan y caminan), Pincho el cactus se vuelve loco y asesina a humanos, momento en el que el gobierno busca a Gazpacho la piña y a Mochilo el plátano que, como ex agentes federales vuelven a estar en activo para detener a su antiguo compañero de equipo. Ah, y Kumba, la niña que iba con ellos, aquí es una streapper enganchada al “polvo de fresa”. ¿A qué sería genial una película así? Tiembla, Hollywood.

- Winnie The Pooh. Osito de peluche de Disney que, junto a sus amiguitos, vivía aventuras en el Bosque de los 100 Acres. Tan podidamente empalagoso como los litros de miel que engullía el muy… Se nota el amor que le tengo ¿eh?

- Emo. Variedad de grupo urbano, parecido a los góticos por su manera de vestir de colores apagados. Van maquillados con ojeras y el pelo sobre los ojos. Su imagen suele ser la de estar tristes por todo, melancólicos, doloridos… en fin, la alegría de la fiesta, vamos.

- Jurasic Park. Popular película de Steven Spielberg, cuyo tema central era un parque temático con dinosaurios reales resucitados por medio del ADN de mosquitos fosilizados. Al final, los bichitos se escapaban llevando el caos y la masacre por toda la isla. La escena a la que hago referencia es una de las más emblemáticas, cuando siempre que se acerca el Tiranosaurio, se ve como sus enormes pisadas hacen temblar una superficie de agua como un vaso de agua o un charco, en los llamados “temblores de impacto”.

- Ediciones limitadas. Como un reclamo para patos, pero para frikis. Ya sea un videojuego, serie, cómic, muñeco coleccionable y demás, una edición limitada es como la Piedra Roseta. Debido a su escasez de unidades a nivel mundial, poseer una es como una medalla de honor en tu historial friki.

jueves, 28 de abril de 2011

Torrijas y rosquillas en Fuentealbilla (2ª parte)

Otro nuevo día, otra nueva entrada (y hasta la semana que viene no habrá más) ¿Y por qué? Os preguntaréis. Porque, damas y caballeros, servidor se marcha a tierras sureñas, más concretamente al XII Salón del Manga de Jerez, que ya era hora de visitarlo. Así que mañana a primera hora del día, estaré en Atocha junto a mi amigo Paco, dispuestos a pasar un fin de semana de frikismo junto a personas tan importantes para mí como mi muy querida Pallas (María para los no iniciados), antigua amiga y componente fundamental de los Héroes de Camelot. Y, como abreboca, no es nada desdeñable el fiestorro que nos pensamos pegar, dado que la semana que viene seguirá la fiesta en un acontecimiento tan ansiado como inesperado...
Pero no revelaré más aquí, dado que prefiero anotarlo todo (al menos mentalmente) para subir una entrada del blog resumiendo a lo que me refiero. Baste decir que, cuando el mundo requiere héroes (aunque sea para salir de farra), el destino los convoca. De momento, quedaos con ésta nueva entrada de mis aventuras por tierras manchegas y descubrid al peor enemigo de un paladín, alguien capaz de agotarle hasta límites insospechados y, a pesar de todo, sonsacarle una sonrisa: un primo pequeño de tres años de edad. ¡Disfrutad!

De experiencias de niñero, parques infernales y loros brasileños

El día siguiente a mi llegada al pueblo, no hubo tiempo para dormir. A las ocho de la mañana ya estábamos de nuevo despiertos para ir a pasar el día a Albacete, donde residen mis tíos. Tras media hora de coche, llegamos al destino.

Albacete, para todos aquellos que no lo hayan visitado nunca, es una especie de ciudad rural. No llega a ser una ciudad con el movimiento de Madrid o Barcelona, pero tampoco posee la quietud de un pueblo. Siguiendo los preceptos de Aristóteles, y todo aquello de que “en el término medio está la virtud”, Albacete sería una urbe llena de virtuosismo.

Mientras mis tíos, mi prima, madre, hermano y la novia de éste se iban a un mercadillo conocido como “los Invasores” (invadir, invaden, todo sea dicho. Es una especie de Rastro a la provinciana, aunque según parece con el mismo número de “mangantes” por metro cuadrado), mi padre y yo nos fuimos al parque con el benjamín de la familia, mi primo Miguel. Con apenas tres años de edad, es un auténtico torbellino.

Tengo la teoría de que en mi familia, los hermanos mayores solemos ser los tranquilos y sosegados, mientras que los pequeños suelen ser más movidos y traviesos. De momento, mi teoría ha obtenido un 100% de éxito en las tres parejas de primos que somos.

El crío parecía encontrar divertido soltarse de la mano cada dos por tres, haciendo como que cruzaba las calles él sólo a toda carrera. Vale que en Albacete un Martes por la mañana no hay precisamente el tráfico que podría haber en la Gran Vía; vale que el enano sólo intentaba bacilarme, haciendo como que cruzaba para quedarse quieto al inicio de todo paso de peatones; vale que ya iban tres veces que lo hacía pero… volvía a conseguir hacerme correr tras él preocupado, encontrándome con su picaresca risa infantil.

- “Paquico é tonto”- me soltó a la sexta vez que lo hacía, justo cuando llegábamos al parque. Como veis, hasta un niño de tres años consigue tomarme el pelo cuando quiere. Pero era el hecho de intentar pronunciar mi nombre en su vocabulario infantil y darme ésa manita chiquitaja para cruzar la calle, y cualquier acaloramiento que me hubiera hecho pasar se desvanecía por completo. Uno también tiene su corazoncito de paladín, a fin de cuentas.

Finalmente, llegamos al parque conocido como “la fiesta del árbol” (no hay mucha fiesta, pero sí árboles, que duda cabe. Curioso nombre, de todos modos) Un enorme complejo con fuentes, paseos, rosaledas, en cuyo centro se alza una pequeña capea y unas máquinas de ejercicio para adultos, así como los típicos toboganes y columpios de toda la vida. Mi padre, que no está muy fino de la rodilla, se sentó n un banco a escuchar música y pasarse el sexto mundo del New Super Mario Bros, de DS. Así que en mí recaía la responsabilidad de vigilar al renacuajo. Bueno, pensé, ya me he encargado de vigilar a cuatro antes que a ti, no puedes ser tan duro como aparentas. Me equivocaba.

Al principio la cosa fue bien. Tobogán, un método sencillo de ayudarle a subir por las escaleras y a bajar deslizándose. La cosa se complicó un poquito más cuando insistía en bajar de morros o de espaldas, e incluso cuando decidió que subir por la rampa y bajar por las escaleras sería más divertido. A pesar de todo, prueba superada.

Los columpios. Primero empezó sentándose, luego poniéndose en pie y ya cuando intentaba ponerse a la pata coja sobre el columpio, decidí que había llegado la hora de probar otra atracción menos contorsionística.

Ahí llego el momento en el que me di cuenta de que, en materia de parques infantiles, andaba desfasado. En mis tiempos sólo había toboganes, columpios, un caballito con muelle y una rueda. Ahora había otros instrumentos que me hicieron pensar en las salas de tortura de la Inquisición. Para empezar, el crío se dirigió cantando hacia un curioso artilugio con forma de huevo.

- “E adio e mi caza, é pasisulá. Uando huele e hoja, como lo demá. Apáchate, y vueldede apachá…”

Una canción que más parecía un conjuro mesopotámico que otra cosa. Al cabo de un rato me di cuenta de que se trataba de “el patio de mi casa”. Decididamente, deberían poner en asignaturas de libre configuración en la universidad “lenguaje infantil”. Contemplé el artilugio, como decía, con forma de huevo. Me recordó a los asientos que usan en la primera película de “Men in Black”, en el gag humorístico del examen escrito. Al parecer, su función era la misma, como juzgué mientras ayudaba a sentarse en el huevo a Miguel. Me quedé mirándolo, él me miraba, nos mirábamos. Al fondo, unos chavales hacían pases con capotes de torero mientras otro con unos cuernos postizos simulaba al animal, practicando. Mi primo sonreía encantado, esperando algo de mí que no sabía muy bien lo que era.

- Bueno ¿y ahora qué, canijo?- opté por preguntarle antes de parecer más idiota de lo que estaba siendo.

- “Vuedtá, Paquico”- contestó meneándose en aquél huevo de color negro.

¡Por supuesto! ¡Vueltas! ¿Cómo no iba a ser algo tan simple? Todo el mundo sabe que los huevos de color negro en un parque infantil son para que los críos den vueltas sobre ellos, faltaría más.

Haciendo girar el aparato sobre el eje al que se clavaba al suelo, mi primo comenzó a girar riendo, pidiendo que cada vez le diera más velocidad al asunto. Tras un buen rato en el que ríete tú de los aspirantes a astronauta y sus pruebas de centrifugación, detuve el cacharro y ayudé a bajar al niño. Podríamos decir que fue su primera “borrachera”, o al menos algunos de los efectos que se suelen experimentar. No fue dar dos pasos seguidos cuando cayó hacia delante sobre la arena, a cuatro patas, riendo como un loco. Es sorprendente lo mucho que nos gustan algunas sensaciones de pequeño y lo poco que nos hacen gracia cuando crecemos ¿a quien, si no, le gusta estar mareado hasta el punto de no poder andar recto?

Tras aquello, mi primo juzgó que los cacharros de niños se le quedaban pequeños y decidió intentarlo con algunos de los aparatos para gimnasia de mayores. Así que allí me encontraba yo, exprimiendo mis grandes dotes de imaginación para que el enano pudiera disfrutar de más tiempo de ocio sin hacerse daño. De tal modo que opté por subirlo a un cacharro simulador de esquí, poniéndolo de pie sobre uno de los lados mientras yo hacía girar los pedales para que se balanceara. Nos pusimos luego en un aparato para hacer girar las caderas, en el que él encontró más divertido sentarse mientras yo, con mi propio esfuerzo, le hacía girar de lado a lado.

Al cabo de casi otra media hora de ejercicios varios, acabé reventado junto a mi padre, mientras mi primo brincaba sobre mis rodillas.

- “Má, Paquico, má”- gritaba una y otra vez, con voz aguda y risillas excitadas.

- Papá. ¿No va siendo hora de que nos tomemos un aperitivo?- pregunté, suspirando.

Mientras nos bebíamos una coca-cola y degustábamos un plato de magra con tomate (que había que ver lo salvaje que era el niño, engullendo los trozos de carne como si no hubiera un mañana), reflexioné sobre lo acontecido llegando a dos conclusiones: lo cansado que era ser niñero y las salidas laborales de diseñador de parques infantiles.

Regresamos al piso de mis tíos, en cuyo viaje de vuelta el canijo aprovechó para seguir tomándome el pelo, ya con menos ahínco debido a que se había hinchado a base de bien en el bar. Como aún no habían vuelto los demás, compramos el pan y nos dispusimos a esperarlos.

- “Dibujo. Tero dibujo”- anunció Miguel con una amplia sonrisa, digna de Vitaldent.

Dibujos. Una temible palabra en boca de un niño. Todos sabemos (o deberíamos saber) que, cuando un crío pide dibujos, no hay razonamiento posible. Ya puede ser la hora de que se vaya a la cama, de que coma, de que eche la siesta, de que haya que huir de una horda de zombies hambrientos; da igual. Los dibujos son algo sagrado, el Mesías infantil. Nunca he sido contrario a los dibujos, y aún hoy en día me lo paso en grande viéndolos, pero he de decir que los canales infantiles son un petardo total. Sí, me refiero a todas ésas cadenas que seguro os sonaran, tales como “Clan TV” o “Playhouse Disney”.

En nuestros tiempos echaban buenas series. Series como “Gárgolas”, “Vicky el vikingo”, “Dragones y Mazmorras”, “Patoaventuras”, “Cops”, “Los halcones galácticos” y un largo sinfín que todos recordaréis. Hoy en día no. Hoy en día parece que a los directivos de la televisión les gusta idiotizar a los niños.

La primera elección fue “Pat el cartero”, una serie sin fuste alguno, hecha con una pésima animación que intenta emular a la buena animación de plastilina como “Wallace & Gromit” y compañía. Trataba sobre un ñoño cartero en un pueblo inglés que repartía amor y felicidad (y cartas, como no) entre sus alegres vecinos en compañía de un gato tiñoso. Bodrio a más no poder. Afortunadamente, a mi primo tampoco le parecía gustar, por lo que cambiamos de canal.

“Dora la exploradora”, segunda opción. Las aventuras de una niña sudamericana en compañía de un mono con ojos de Simpson llamado “Botas” (nombre original para un simio que habla y calza botas de punky). La niña viaja de acá para allá con una sonrisa perenne en la cara, viviendo aventuras tan apasionantes como ayudar a un zorro ladrón a descubrir el significado de la Navidad (sí, en pleno Abril). En fin, al menos era un poco más educativo que el primero, pero igual de coñazo.

Finalmente y justo a tiempo (puesto que comenzaba un capítulo de una serie sobre gatitos y perritos de colores chillones que cantaban felices por el campo, la cual no me daba muy buena espina), mi primo decidió ver una película de Disney. Y como casi todas las que tiene se las hemos regalado nosotros, sabía que sería una buena elección.

Así, durante la siguiente hora y media hasta la comida, nos pusimos a ver el Rey León. Tras la comida, me conecté un rato a Internet, momento en el que me puse a ver el primer capítulo de “Juego de Tronos”. Cinco minutos después, ahí tenía a mis primos queriendo jugar de nuevo conmigo. En fin, que puedo decir, ser el primo mayor a veces tiene sus desventajas. De tal modo que sacrifiqué la única opción que se me presentaba en toda la semana de ver tan brutal serie en favor de hacerle pasar a mis primos un rato agradable. e hacerle pasar a mis primos un rato agradable. Ya habría tiempo de los Stark y los Lannister después.

Por la tarde, nos fuimos al cine a ver la película de “Río”. Antes de entrar en la sala, mi madre le preguntó a mi primo si tenía que ir al baño, y parece que le ayudó a superar su indecisión el hecho de que yo si tuviera que ir.

- Ayúdale- me pidió mi madre dejándomelo en los lavabos masculinos.

¿Ayudarle? ¿A qué, exactamente? Acompañé al crío a un baño, y mirándole, le dije la única cosa con sentido que se me ocurrió.

- ¿Necesitas ayuda?- ante todo, un niño es un adulto en miniatura. ¿Para qué complicarse la vida?

- No. “Yo pipi zolo”- informó el enano metiéndose en el baño y bajándose los pantalones. Gracias a los dioses, al final no había resultado tan difícil como había temido. Ya habrá tiempo en otra ocasión de enfrentarme a ése tipo de problemas, a más tardar cuando tenga un crío propio.

Tras el pequeño incidente del baño, entramos a ver la película de “Río”, momento en el que Miguel nos hizo callar a todos, chistándonos, cuando el filme nos arrancaba alguna carcajada de diversión. El canijo se lo tomaba en serio, siguiendo el argumento de la pareja de loros brasileños con auténtico interés. Tras aquello, regresamos a casa y nos despedimos de todos.

En el viaje de vuelta, a pesar de la corta duración, no pude evitar quedarme dormido. Es sorprendente lo mucho que llegan a agotar los críos pequeños. Aún así, dan las suficientes alegrías y satisfacciones como para hacer que, realmente, merezcan la pena y tarde o temprano la mayoría queramos tener algún canijo o canija propios. Y a las malas, si vemos que en algún momento nos superan, siempre podemos pedirle ayuda a “Dora la exploradora” o a Disney, que para eso están ¿no?


Y hasta aquí la entrada de hoy. Curiosa la manera que tienen los niños, tan sutil , de agotarnos la energía. Apenas te das cuenta y, cuando tienes la tan ansiada paz a tu alrededor, notas el desgaste de entretenerlos durante horas y horas. Son como súcubos pequeñitos, los jodíos. Bueno, pues lo dicho, espero que os haya resultado amena, como siempre, la lectura y nos vemos la semana que viene ¡Pasadlo bien!

domingo, 24 de abril de 2011

Torrijas y rosquillas en Fuentealbilla (1ª parte)

Buenas noches, queridos lectores. Más de una semana ha pasado desde mi última actualización del blog, y es que como muchos de vosotros sabréis, me he ido a pasar la Semana Santa a mi pueblo, Fuentealbilla. Situado en la provincia de Albacete, éste lugar ha pasado desapercibido hasta hace unos cuantos años, cuando el jugador de fútbol Andrés Iniesta proclamó a los cuatro vientos el nombre del lugar que le vio nacer. Gracias a esto, hoy en día hay gente que viene tan sólo para tratar de conocer al jugador que nos dio el gol de la victoria en la final del Mundial. A pesar de todo, cada vez que regreso a mi pueblo, compruebo cómo Fuentealbilla sigue siendo el lugar que recuerdo de tantos veranos transcurridos en él. Y para que Cervantes, dondequiera que esté, compruebe que las andanzas de caballeros manchegos no murieron con su Quijote, he aquí mis propias experiencias vividas en Semana Santa en éste lugar de buen vino, “atascaburras” y “pedos de monja”. Vamos allá.

De los motes, insignias de prestigio

Comenzó mi aventura el Lunes de madrugada, cuando a las siete y media de la mañana ya estaba en pie (o más bien arrastrándome con los ojos cerrados al cuarto de baño) para ponernos en ruta. Tras tres horas de viaje, llegamos a nuestro destino. Es sorprendente cómo algunos sitios no cambian casi nada a pesar del tiempo que lleves sin visitarlos. Así es mi pueblo, en el que por muchos años que pasen se me asemeja que sigue siendo el mismo lugar de mi niñez. Y es que con apenas unos días de nacimiento, ya estaba viajando en coche hacia aquí para pasar mi primer verano en compañía de mi familia. No es de extrañar, por tanto, que mis abuelos maternos no dejen de maravillarse una y otra vez por lo crecido que anda su nieto (como para no estarlo con un cuarto de siglo a mis espaldas, digo yo). El día fue bastante tranquilo, en el que cabe destacar un paseo de “reconocimiento” por el pueblo. Aquellos que visiten o vivan en un lugar así, me entenderán cuando digo que los pueblos y las ciudades son totalmente distintos. En Madrid andas por la calle, y a no ser que vayas con algo especialmente llamativo, la gente apenas si te presta atención. En los pueblos no. Ya puedes ir totalmente normal, que la gente se te quedará mirando.

Andando por mi pueblo, pude comprobar cómo la gente se me quedaba mirando según iba pasando frente a ellos. Los abuelos están ahí, sentados a las puertas de sus casas, inmersos en una apasionante conversación sobre el estado de las uvas, el bombo de la Antonia o la boda de Felipe, hasta que pasas por delante. En ése momento, cesa cualquier charla y te miran con los ojos entrecerrados (en la mayor parte, a causa de la miopía que conlleva la edad, lógicamente), acechándote, analizándote (a veces da la impresión de que pudieran oler tu miedo, lo juro), preguntándose quién eres. La mayoría no le da mayor importancia al asunto y, cuando sales de su campo de visión, siguen con sus vidas. Pero otros te alzan la voz y te interrogan antes de que sigas tu camino.

- ¿Y tú, zagal, de quién eres?

- Soy el nieto de Sebastián el “cebollas”. El guacho de la Paquita.

- ¿El mayor? ¡Qué hermoso que estás! ¿Qué tal están tus padres?

- Bien, señora. Allí andan.

Y sigues tu camino, dejando satisfecha a la buena mujer. Y es que los motes en los pueblos son señas de categoría. Ya puedes tener una mansión, o un montón de majuelos, que si no tienes un mote, no tienes relevancia alguna. Éstos suelen ser hereditarios, y así yo soy conocido como el “nieto del cebollas” o el “nieto del sacristán”, en lugar de poseer uno propio. ¿De dónde vienen los motes, os preguntaréis? Pues bien, paso a explicaros unos cuantos ejemplos cercanos, para que os hagáis una idea:

- Sebastián Jiménez “el cebollas”- Mi abuelo materno. Muchas veces me ha contado la historia a lo largo de mi vida. Viene, según parece, de un día en el que su abuelo y unos amigos se encontraban en el campo faenando y, llegada la hora de la comida, decidieron hacerla entre todos. Cada uno añadió lo que pudo al puchero, y de lo que puso así se le quedó el mote que iría legando de generación en generación. Como dato curioso diré que a mi abuelo, a pesar de su mote, no le gustan demasiado las cebollas.

- Manuela López “la del nene”- Mi abuela materna. Llamada así por mi tatarabuelo, “el abuelo nene”. Le decían así a raíz de que era el menor de todos los hermanos y la gente, de tanto llamarlo el nene, no sabían su verdadero nombre. Curioso que nos pase a algunos frikis así, que de tanto llamarnos “Shinjiel” o “Irvine”, no se sepa el nombre auténtico de las personas. Menos mal que el hecho de conocerme como Sir Francis no deja mucho lugar a dudas sobre mi nombre real.

- Francisco Albiar “el sacristán”- Mi abuelo paterno, que en paz descanse. Aparte del nombre, la nariz (grande y con el tabique ligeramente torcido a la izquierda, como mi padre y mi hermano) y el talento musical, recibí de él su mote. Le vino a raíz de que era el ayudante del párroco del pueblo, y le echaba una mano en la organización de la misa. Tocaba el órgano en misa y cantaba en el coro. Todo un artista el hombre, según parece un don juán con las mujeres cuando recorría los pueblos de la zona tocando el saxofón o el clarinete en las fiestas. Todo un modelo a seguir, sí señor.

- María Pérez, “Marieta la del estanco”- Mi abuela paterna, que en paz descanse. Conocida así, como supondréis, porque regentaba junto a mi abuelo el estanco del pueblo. Mi padre me cuenta cómo algunas noches, con el estanco cerrado mientras estaban cenando, la gente les llamaba por la ventana para que les vendieran tabaco para el día siguiente. Y luego me quejo yo por ésos clientes de última hora en mi tienda. Aún conservo algunas fotos en pañales, sentado en el mostrador del estanco, con un enorme bote de cristal lleno de lacasitos entre las piernas. Os podéis imaginar lo que me hinchaba a chocolate por aquél entonces.

Como veis, los motes en los pueblos son un estigma que te toca llevar de por vida mientras andes por las tierras de tus antepasados. Y, lamentablemente, no todos son muy agraciados, aunque sí bastante curiosos y con su buena historia detrás.

Cabe destacar también de mi primer día por aquí otro dato curioso que muchos de vosotros habréis compartido, y es la manía que tiene la gente, sobre todo mayor, de adjudicarte una novia. Da igual que lleves soltero varios años, que ellos te dirán frases como “¿Y la novia, donde te la has dejado?” o “¡Qué hermoso y que grande estás! ¿Para cuando le vas a dar nietos al cebollas?” (por Onour bendito, no tienes ni pareja y ya están pensando en que tengas hijos). Y es que las cosas en los pueblos son así, la gente tiene la mentalidad de otra época en la que a tu edad ya andaban casados y con un par de críos. A pesar de que los tiempos cambien, la gente mayor no suele hacerlo, y ven extraño que tú no andes tras sus mismos pasos. Siempre puedes contestar cosas como “¿La novia? Eso me gustaría a mi saber, señora”, aunque te arriesgas a que te quieran presentar a su nieta, que está bien hermosa (o retostonuda, a la elección de cada cual). Razón de más para, depende de los gustos de cada uno, seguir soltero o no.

Y hasta aquí la entrada de hoy, en la que espero que os haya resultado amena su lectura. Para acabar, una pequeña reseña con palabrejas de pueblo en éste escrito que no hayáis logrado entender. ¡¡Un saludo para todos y nos vemos en la siguiente entrada!!

Glosario de la Manchuela

Atascaburras- Plato típico de mi pueblo, consistente en puré de patata cocida, ajo, huevo y bacalao. Llamado así porque es tan espeso que “atasca” el gaznate hasta de los burros/as.





Pedos de monja- Dulce típico de por aquí, parecido a los buñuelos, hecho con agua, harina, huevo y polvos de gaseosa. Se mezcla todo y se echa en una sartén con aceite. La masa es tan espesa que quedan pelotas deformes, como si pudiéramos congelar un gas y contemplarlo de forma sólida. De ahí su nombre. Lo de que sean o no de monja, a elección de cada uno.


Guacho/a- Muchacho/a, joven.

Majuelo- Trozo de tierra con vides. Normalmente sembradas al hilo (en línea, cuadradas), al trebolillo (alternas) o emparradas (guiadas con alambres).

Faenando- Trabajando (o de faena) en el campo.

Hermosa, retostonuda- Calificativo para gente grande, con fuerza o sobrepeso. Curiosamente, como le pasara a Rubens, el tener un ligero sobrepeso en los pueblos es sinónimo de salud, de atractivo. No son pocas las veces en las que a mí mismo me han calificado así, y experimentas una mezcla de malestar y halago de lo más curiosa.

miércoles, 13 de abril de 2011

"¡Vaya semanita!" o "Las aventuras de un friki venido a menos"

Buenas tardes, gente. Ya comienza a hacer mejor tiempo cada vez, con todas las delicias que ésto trae: el sol, la brisa primaveral, el olor de la flora, la escasez de ropa en las féminas... en fin, toda una sinfonía de placeres dignos de cualquiera. Y menuda semanita que llevo, por Onour bendito. Apenas si he parado quieto en casa, de ahí la ausencia de entradas en el blog. Así que, como medio de disculpa y para que entendáis a qué me refiero, procedo a relataros las vivencias que me han atrapado en una vorágine durante éstos días.

Lunes

Todo comienza como una semana normal, pero con un toque distinto. Al fin y al cabo, es mi última semana de curro antes de mis vacaciones de Navidad (sí, ya sé que estamos en Abril, pero es lo que tiene irse el último de toda la plantilla a disfrutarlas). De repente se presenta mi jefe, Raúl, en la tienda, cosa curiosa dado que a él le tocaba hacer el turno de la tarde. La explicación era que su novia se había llevado sus llaves de casa y, al regresar él de dejar a los críos en el colegio, se encontró con que no podía entrar. Total, que allí que se va a echarnos una mano y a hacer horas extra (que llego a ser yo el que se encuentra en su misma tesitura, y me falta tiempo para ir a leer cómics a la Fnac, o a dar una vuelta, o acloparme en casa de algún colega o a echar de comer a las palomas en el Retiro. Vamos, todo con tal de no currar más horas de las que me tocan). Una buena mañana entre charlas sobre Geralt de Rivia, zombies, series y frikismo, hasta que llega la hora de comer y nos vamos los dos a ponernos chatos al McDonalds de Gran Vía.
Descubro con sumo placer que llevo una tarjeta de descuentos para empresas, de uso ilimitado hasta final de año, la cual nos proporciona viandas a precios muy competitivos.
Con la panza llena, dejo a mi jefe en la tienda y me voy a Sol, donde había quedado con un compañero de la tienda, Jose David, que se trasladó a otra sucursal. Allí que le espero contemplando pasar grupos de estudiantes extranjeros de vacaciones, y durante casi una hora me entretengo dando vueltas. Finalmente, opto por llamarle, y descubro con horror como mi móvil me la ha vuelto a jugar. A pesar de tener la batería y la cobertura llenas, en apariencia, el muy cabrón estaba como "apagado o fuera de cobertura" durante todo el tiempo. Tiempo que, todo hay que decirlo, mi colega me estaba llamando. Finalmente, tras una hora de esperarnos mutuamente en la misma plaza de Sol sin vernos, nos vamos a dar una vuelta. A ver a los amigos al Otaku Center, frikear un poquillo y echar un ojo en unos Cash Converter cercanos para ver algún chollo videojueguil.
Tras ésto, lo acompaño hasta Callao, donde él se pira a su curso de doblador (como Bender Rodríguez, según él xD) y yo me voy a casa. El dia más normal de la semana, dentro de lo que cabe, que termina como otro cualquiera.

Martes

Cumpleaños de uno de mis mejores amigos, Paco. Vuelvo a casa del curro y me quedo traspuesto en el sofá, cayendo en el sopor de la siesta. ¡Maldición! Me levanto a las seis y al final no puedo quedar con él, hecho que le mosquea bastante. Pese a mi reiterado ofrecimiento de ir a su casa o adonde le apetezca, prefiere no ver a nadie para no pagar su cabreo con algún alma inocente. Y es que, al igual que yo (como me hizo ver mi colega Pedro), ambos somos de buenos, tontos, y a veces preferimos aislarnos de la gente con tal de no hacerle daño. Comerse los propios problemas, queridos amigos, es un grandísimo error (a pesar de que el que escribe más de una vez lo ha hecho), porque lo único que hacen es enquistarse y volverse peores.
Consejo: si tenéis alguna dificultad, por pequeña que os parezca, compartidla con la familia y amigos (ya que para éso están a veces ¿no?). Recibiréis otro punto de vista que os ayudará a solventarlo sin dejar que la bola se haga más grande. Mejor éso, creedme, que explotar al cabo de un tiempo. Total, paso la tarde algo rallado en casa, esperando poder quedar con Paco al día siguiente.

Miércoles

Quedo con Paco para comer en su casa. Hablamos la situación y, como siempre, lo arreglamos (es lo que tiene la amistad, que las cosas siempre acaban bien, snif... que me emociono... ^^). Le hago entrega de un par de juegos como regalo de cumpleaños (videojuegos, que elección más insospechada viniendo de mí ¿verdad? xD) y, tras comer viendo un capitulillo de One Piece en Boing, nos ponemos a ver Percy Jackson y el ladrón del rayo. Hay que decir que la peli la ví a tirones, ya que entre lo cómodo que es su sofá y que había madrugado más de lo recomendable, me quedaba dormido a ratos. Nos vamos a dar una vuelta, y acabamos en la calle Atocha, en la tienda Cex de juegos, pelis y demás cosas electrónicas de segunda mano. Allí nos encuentran un grupo de colegas frikis y, haciendo piña, nos vamos hacia Plaza de España tranquilamente. Reconozco que aquellos momentos me emocionaron, dado que me retraje a cierta época de mi vida en la que todos los Viernes y Sábados quedábamos para frikear juntos. Muchos de los que leéis éstas líneas sabréis a lo que me refiero. Y así, sin comerlo ni beberlo, hicimos una mini-kedada que terminó en el McDonalds de plaza de cubos, donde a modo de humorista, me dispuse a hacer reír a base de bien a mis acompañantes, con anécdotas del curro u ocurrencias de mi mente enferma y con demasiado tiempo libre. Tras ésto, nos despedimos y cada mochuelo a su olivo, que había sido un día largo.
Qué tiempos aquellos en los que la vida era algo más fácil, cuando llegaba el fin de semana y te reunías con un grupo bastante grande de frikis para ir a Atlántica y a pasar la tarde en el césped de Plaza de España. Toda una serie de buenos recuerdos asaltaron mi mente de camino a casa, en el metro, deseando una parte de mí que aquellos día regresaran. Crecer, como todo, tiene sus cosas buenas y sus cosas malas.

Jueves

El día más inverosímil de todos. Quedo por la tarde con Becky, una amiga muy simpática y muy chiflada que conocí en navidades como clienta de la tienda. Al encontrarla en la plaza de Benavente, la hallo en compañía de un maromo que intentaba ligar con ella. Lástima haber llegado dos minutos tarde como para echarle una mano, pero es lo que tiene joderse un pie. Sí, habíes leído bien éste cambio tan drástico en la narración. Resulta que al meterme en la ducha dos horas antes de quedar con ella, me dí una buena hostieja en los dedos pequeños del pie derecho al entrar en la bañera, golpe que me costó una buena dosis de dolor y de cojera por lo que quedaba del día de ayer y el de hoy.
Damos una vuelta a mi ritmo de "incapacitado" y decidimos merendar. Le propongo tomar una copa de zumo en el Vitaminas, encontrándolo cerrado. Subimos por Gran Vía hasta el otro Vitaminas y ¿adivináis qué? ¡Que también estaba cerrado! ¿¡Cómo puede cerrar un sitio tan genial y sano, joder!? Total, que hartos de subir y bajar sin sentido, acabamos en el Vips cenando, ya las horas que eran (que bueno está todo, por cierto, pero qué caro). La acompaño hasta Callao dado que ya se le hacía tarde para volver a casa, y en el cine Capitol nos encontramos una multitud de gente a las puertas. Pensando que sería algún estreno, no le damos mayor importancia y seguimos, momento en el que me encuentro con una amiga, Ánima, que me explica la movida. Se trataba de "Córtate", el primero de una serie de festivales de cortos mensuales. Curiosamente, su hermano había dirigido uno de los cinco cortos que se proyectaban ésa noche, y por éso estaba allí. Acompaño a Becky a Callao y, tomando una decisión de última hora, regreso junto a Ánima y me pillo una entrada por sólo dos euros. Entro junto a ella y unas amigas al lugar, y tras dar una vuelta viendo todo completo, nos sentamos en la zona VIP, en las butacas reservadas para los actores y los realizadores de los cortos. Y allí me tenéis, en compañía de personas como Álex de la Iglesia, Jose Luís Gil (Juan Cuesta en Aquí no hay quien viva), Javier Gutierrez (Sátur, el ayudante de Águila Roja) o Macarena Gómez (Lola en La que se avecina), entre otros. De todos los cortos, todo hay que decirlo, los mejores eran en los que salía Jose Luís Gil y el del hermano de mi amiga, que tenían su puntito de humor negro (y se entendían, que coño, que hay veces que un corto te deja la cabeza más loca de lo que ya la tenías).
Tras la proyección, nos invitan a una copa en la sala Larios, donde nos tomamos una cerveza rápida. Aquello comenzabó a degenerar con cincuentonas bailando rollo BBC (Bodas, Bautizos y Comuniones) y, despidiéndome de mis acompañantes, me marcho a casa con un dolor ya insoportable de pie, pero contentísimo de la experiencia.

Como véis, amigos/as, una semana bastante movidita con todo tipo de eventos. No me puedo quejar, para nada que no. Y es que, a pesar de que parezca que tenemos toda la semana definida, no podemos asegurar donde vamos a acabar el día. La conclusión que os quiero hacer llegar es que la vida es imprevisible, y que está sujeta a todo tipo de cambios de última hora. No hay un guión, no hay un patrón que podamos seguir para acabar donde teníamos planeado. Cualquier detalle, cualquier paso que demos, por mínimo que sea, nos puede llevar a consecuencias harto interesantes. Algunas para peor, otras para mejor, pero unas vivencias que haremos nuestras, únicas, por el simple hecho de que las vivimos bajo el prisma de nuestra visión. Así que, ya sabéis camaradas: atesorad cada minuto de vuestra existencia y procurad sacar siempre de toda situación lo mejor. Ello os llevará a vivir aventuras irrepetibles.

Y sin más reflexión ni palabras por hoy, se despide el mismo que viste y calza, deseándoos que vuestra semana haya sido tan amena como la mía (y éso que todavía queda el finde, jajaja)
¡Hasta la próxima!